
Rompiendo con un portentoso riff se presentan Tubarâo. Ya desde “Shark Attack” las partes que componen el cuerpo de su primer álbum se van disgregando a medida que se profundiza en la distorsión y la afinación grave. Acercamiento del nu metal al presente y renovación del mismo tanto en ritmos como en alternancias vocales con el hardcore. Se pierde el temor a introducir algún pequeño solo aderezado con wha. Para cuando termina “Sweet Grasp”, todo lo anterior se ha visto confirmado en poco más de cuatro minutos.
Pero lo que indiscutiblemente queda fijado en este cuerpo mutilado son los riffs pesados y oscuros (suena a Meshuggah en “Last Morning”), y la brutal sección rítmica que respalda y golpea sin compasión cada uno de los temas. El protagonismo rítmico se eleva a reinado cada vez que el álbum se escucha una vez más. En ese momento ya amamos la agresión a la que Tubarâo gustosamente nos somete: descubrimos la caricia que supone el uso constante de las disonancias y ritmos que dotan de alma a sus riffs y que se transforma en rasgada presión punzante sobre la piel. Es el objetivo inconfeso de la banda: provocar la tensión de los intervalos que convierte la punzada en desgarro y el placer en dolor. El sadismo inherente a la distorsión disonante en el metal, lo indefinible que penetra la piel, los sentidos y la mente.
Para el amante del metal pesado y rítmico en cortes breves, donde la influencia del groove se deja notar. Un buen trabajo que anuncia una presencia, pero también una promesa, ya que Tubarâo lo hace bien, pero lo hará mejor. En estos ocho temas suena música aún no escuchada, la promesa de que el tiempo hará de esta banda lo que todavía no es. En su mano está.
por José Luis Vila




Estos tios suenan brutales!!!
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